Ayer murió Gerry Conway, creador del Castigador (Punisher) que también fue pieza esencial de u. Hito de la mitología de Spiderman en la muerte de Gwen Stacy, o en el encuentro de Spiderman con el emblema de la DC, Supermán, en un emblemático número de edición en formato gigante , fórmula en la que Conway volvió a demostrar su pericia y talento precisamente en el encuentro de Superman con Wonder Woman que comenté el pasado domingo en el post anterior de este mismo blog, horas antes de que trascendiera la noticia del fallecimiento del guionista.
Conway, que también escribió novelas de ciencia ficción, fue junto Roy Thomas una pieza esencial para llevar los guiones del cómic de superhéroes a un nivel más alto y en concordancia con los temas de su época, haciendo que este producto de evasión alcanzará un estatus de testigo de los tiempos como manifestación de cultura popular.
El Castigador es un buen ejemplo de cómo Conway enriqueció la galería de personajes del cómic de superhéroes, y nadie mejor que Ennis, maestro del guión del cómic de nuestros días, en este arco que cruza al Castigador con otro emblemático personaje, Nick Furia, llevándolos a un territorio ajeno a las historias de superhéroes para ubicarlos en la realidad histórica -los últimos compases de la guerra de Vietnam en este caso- al efecto de reincidir en sus no siempre bien entendidas incursiones en el género bélico desde un punto de vista claramente antibelicista.
Nuevamente en este cómic, cuya portada es además un homenaje a la primera aparición del Castigador en la colección de Spiderman, Ennis saca adelante su difícil ejercicio de mostrar respeto a los soldados que se dejan la piel en el frente denunciando la farsa y la barbarie de todo enfrentamiento bélico mediante la insistencia en cómo esos soldados son carne de cañón sacrificada inútilmente en un juego de conspiraciones, traiciones y manipulaciones propagandísticas por los verdaderos beneficiarios de toda guerra, en ambos lados del frente.
La guerra como esa picadora de carne de cañón de da cita aquí con la corrupción que si duda salpica a los dos protagonistas, convirtiéndolos en cómplices de ese proceso de mentira y traición. De ese modo, Ennis vuelve a demostrar su madurez y profundidad a la hora de definir de manera más compleja el ambiguo concepto del heroísmo que siempre acerca a la más primaria y oscura naturaleza depredadora de nuestra especie, al ego, al miedo y a la mentira.

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