Acabo de leer en esta tarde de tebeos el mejor número de los editados hasta el momento por Panini en su Biblioteca Marvel de Capitán América.
Este sexto número reúne la despedida de un ya pletórico Jack Kirby con los tres números que dieron entrada en la colección al revolucionario Jim Steranko, una auténtica tormenta de ideas y diseños renovadores del lenguaje del cómic.
Decir Steranko es decir revolución y evolución del lenguaje de las viñetas en este número que arranca sin embargo poniendo de manifiesto todo el poder de Kirbye a la hora de dibujar con las páginas en la sala de entrenamiento, encadenando luego con una fábula en el tono pulp que tan bien le sienta a este personaje y al maestro del dibujo en sus mejores historias.
Pero la entrada de Steranko en el universo de ficción del Capitán América deja claros sus rasgos de estilo más significativos tanto en lo visual como en el contenido, imponiendo domino del dibujante en la puesta en escena que al mismo tiempo respalda y es respaldada por la intención de profundizar más psicológicamente en los personajes.
Un buen ejemplo de ello es esta página donde el dibujo bucea en el estado de ánimo de Steve Rogers y la culpa que lo corroe convirtiendo en sombra a la leyenda pública que se desmorona y minimiza en privado en un hábil y oportuno proceso de humanización del superhéroe que queda resumido en esa viñeta en picado de la linea inferior con su minúscula silueta rodeada de oscuridad.
Los números de Steranko marcan un punto de giro en el desarrollo de la colección del personaje con una ambiciosa propuesta visual que bebe del cine y arte moderno y de hecho se convierte ella misma en una muestra de arte moderno y de la sinergia del lenguaje del cine con el lenguaje del cómic.
Maestro también del uso de la luz con inspiración cinematográfica, del cine negro más concretamente, Steranko juega con el color y el blanco y negro en viñetas de una misma página, cabalgando en su dibujo los blancos para darle personalidad y vitalidad a su incorporación de la luz de la luna en la parte final de su contribución.
Y, además de todo eso, ¡Madame Hydra y la primera muerte del Capitán América!




