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viernes, 21 de noviembre de 2025

Los Cuatro Fantásticos: Círculo cerrado

 

Alex Ross, el maestro del cómic pintado, nos devuelve  la posibilidad de recuperar las sensaciones de primeras lecturas de cómics de superhéroes de Marvel desde la primera viñeta, que produce de inmediato la sensación de estar viendo una espectacular película protagonizada por personajes dibujados que se antojan tan reales como si fueran actores de carne y hueso.
Y eso no lo han conseguido ninguna de las cinco películas -incluido el esperpento producido por Roger Corman- rodadas sobre esos mismos personajes, aunque la última, la mejor de todas, sea la que más se ha acercado a ese ideal, sin llegar a conseguirlo del todo.
Bastan como ejemplo de por qué me parece imposible que el cine pueda llegar a emular todo el poder de la viñeta desatada y espectacular en el lenguaje del cómic, por mucho dinero que invierta en efectos especiales, las páginas de apertura de la trama con la infestación de bichos rodeada por las llamas de la Antorcha Humana. Trasladar eso al cine es imposible y demuestra que entre las viñetas y los planos de una película, unidades básicas ambas de la estructura narrativa de dos medios muy distintos, hay un abismo insalvable.
Lo que en cómic funciona plenamente no rinde igual de bien en el cine, sobre todo porque nuestra participación como lectores ante la viñeta no puede ser nunca la misma que tenemos como espectadores ante el plano de las imágenes en movimiento.
El cine es tiempo y movimiento, mientras que el cómic crea sus fábulas desde la dinámica trepidante de la de tiempo y movimiento congelado en los instantes que habitan cads viñeta y cada página.
De manera que aunque el emisor consiga siquiera emular la propuesta visual de espectáculo en el cómic con imágenes en movimiento en el cine invirtiendo un dineral en efectos especiales, modo James Cameron en Avatar, el receptor no trabaja igual ante los dos medios.


Buen ejemplo de todo esto es el brillante uso encadenado de las dobles páginas con el que Ross nos muestra el viaje por la Zona Negativa, pasando por la Encrucijada del Infinito, el complejo interior del temible Annihilus, y el camino que les lleva al encuentro con la Negavida, que podría ser traducido al cine en una secuencia de montaje o un ejercicio de fundido encadenado jugando frenéticamente con el eje, sin llegar a conseguir el mismo efecto por el cambio en el funcionamiento del receptor.
Es curioso que precisamente en esa página la Antorcha Humana defina lo que estamos viendo como una pesadilla de Ridley Scott.
Nada más lejos de la realidad.
La pesadilla del viaje a la Zona Negativa que evoluciona entre los paisajes de terror y ciencia ficción en esta obra singular, propicia, como todas las obras de cómic pintado de Alex Ross, la reflexión sobre lo que mucho que acerca y lo mucho que distancia al cómic del cine y al cine del cómic.
Los cineastas que trabajan en el traslado de un medio a otro a través de las adaptaciones que han llenado la cartelera de fábulas cinematográficas de superhéroes en las dos últimas décadas harían bien en repasar este trabajo de Ross y sacar sus propias conclusiones sobre el asunto.
Detalle a tener en cuenta: tal como afirma el texto biográfico del guionista y dibujante, antes de trabajar para la industria del cómic, Ross perfeccionó su técnica como dibujante de storyboards y es además un maestro de las portadas.


Foto: La vida en lunes