jueves, 11 de junio de 2026

Ciencia ficción psicotrópica: A cabeza descalza, de Brian W. Aldiss

 

El ego de Colín Charteris, serbio con nombre inglés robado del creador de Simon Templar, alias El Santo, sirve como pista para introducir el tono neopulp que planea por toda esta novela de difícil pero no por ello menos estimulante y psicotrópica lectura, algo muy propio de la contracultura anglosajona de los años sesenta y setenta.
De ese origen procede el coche banshee que conduce el protagonista en su mesiánico periplo de predicación en un futuro cuyo carácter postapocaliptico recuerda algunos paisajes de las novelas de Kurt Vonnegutt en promiscuo aquelarre orgiástico con las fábulas alucinatorias y gamberras de William Burroughs.
El lector comparte desde el asiento de copiloto la materialización de los sueños de velocidad y despegue de la realidad al volante de ese banshee, que se me antojan una metáfora de viaje a lomos del LSD, puestos de ácido hasta las cejas y viendo cómo la realidad se aleja de nosotros mientras nos internamos en una mezcla de filosofía puesta en cuestión desde una parodia escondida tras frases lapidarias como "La verdad está en los instantes estáticos", que juegan continuamente con todos los típicos de los interrogantes sobre la existencia en un tono gamberro teñido de borrachera verbal en algunos momentos desesperantes para el lector, exhausto, y en otros sorprendentemente liberadores una vez que le pillas el verdadero tono de desafío humorístico a toda la novela en la que yo al menos veo accidentes de tráfico cercanos al gore de un David Cronenberg en Crash convertidos en pincelada descriptiva de los devastadores efectos de una sobredosis.
"Los dos coches habían llegado a arañarse; entre chocar y no chocar había muchos grados. Había experimentado la mayoría. Sólo había que mantener una vigilancia leve".
Todo en A cabeza descalza es un viaje de personajes abducidos a una catarsis comatosa y cosmológica justificada argumentalmente con el bombardeo de LSD llevado a cabo por Kuwait que ha cambiado definitivamente la realidad, violándola para convertila en el sueño bélico con resonancias del conflicto en Vietnam que bajo el nombre de Guerra de las Cabezas Drogadas ha subido a todo el mundo -menos la neutral Francia- en un viaje sin retorno.
Detrás de toda esa confusión y ese caos gamberro y entusiasta se ocultan un puñado de revelaciones que serían imposibles en un relatos más coherente y ordenado al que Brian W. Aldiss renuncia para revolcarse con su sátira de la serpiente Kundalini y las citas de Gurdjef, dejando que el lector extraiga su propia verdad bajo esas supuestas "verdades".
El tiempo es una telaraña que no se limita a avanzar hacia adelante sino en todas las direcciones por igual mientras las cosas y los yos inútiles que crean van siendo abandonados por el sinuoso, caótico e imprevisible camino de la existencia en esta psicotrópica lectura, un paréntesis entre el tiempo prealucinado y el tiempo postalucinado.
"Más puentes, caminos laterales, verjas de hierro, la Paz Interior cediendo el paso al tráfico rápido, sobre dos carriles, a la autopista, caminos sin fin cruzando la sobre columnas primitivas. Vías de ferrocarril, algunas muertas, canales, algunos llenos de juncos, un pobre idiota llevando un saco de patatas sobre el manillar de la bicicleta por un terreno inundado, caminos de a pie, caminos de bicicletas, pasadizos, nidos de orugas, escombreras, basureros, atajos, valles".
"Cada década del pasado conservada aún en algún momento triste".
"Aboliremos la palabra maravilloso, lleva implicaciones de fealdad en un sentido aristotélico. Solo hay gradaciones entre ambas. Son similares. No hay fealdad".
Saludemos a "los poderes creativos de la putrefacción". Saludemos a "la telaraña iterativa".
Publicada en 1969, este anticipo del cyberpunk desde el ocaso del profundo pozo en el que comenzaba a hundirse la contracultura, es un puente a la locura que une etapas de la ciencia ficción literaria, saltando el abismo del tiempo alucinado.




miércoles, 3 de junio de 2026

Caras

 


Clásicos Marvel: Cuando Spiderman era un cómic de terror

 Horror, terror y furor se daban cita en la colección de Spiderman cuando estaba en manos de McFarlane, que le metió tanta caña al asunto, incorporando abuso infantil y otros temas muy chungos a sus argumentos que acabo reventando la cabeza de los de la editorial Marvel, temerosos porque la cosa se les fuera de la manos cuando algunas tiendas suspendieron pedidos, a pesar de que el fenómeno iba como un tiro vendiendo ejemplares. 

Claro, McFarlane acabó cansándose de echarles un pulso y voló a otros paisajes más de su cuerda después de dejar algunas joyas como éstas, y trasladó todo su talento a Spawn, que también empieza por S y P, como Spiderman. 

Al final todo es cuestión de Percepciones. 

A nosotros nos queda imaginar cómo podría haber seguido el tema escuchando algún tema de SLIPKNOT 

Por cierto, pienso que McFarlane resuelve y explota en horizontal, pero brilla más siempre en vertical. 

martes, 2 de junio de 2026

¡PARRAQUE JURÁSICO! DINOSAURIOS EN LA GUERRA DE VIETNAM: PRIMITIVE WAR:


Los australianos raramente defraudan llevando el cine y sus géneros por caminos disparatados (que se lo pregunten a los seguidores de Mad Max, entre los cuales me cuento, felizmente).  

Dinos de serie B pero con medios suficientes para ser solventes y disfrutables. 

Correctamente dirigida, sabiendo qué terreno pisa. 

Hecha por aficionados a los dinosaurios, con una variedad de especies muy curiosa en el menú, y sin dinos mutantes cada vez más raros y horteras sacados de la chistera porque se les ha acabado el argumento, como le ocurrió a las últimas de Jurassic World. 

Se les va un poco de tiempo, pero no mucho. Es funcional hasta el final.

Es entretenida y tiene momentos de humanos armados contra dinosaurios que nunca has visto ni vas a ver en las películas producidas por Spielberg. 

Mezclas Depredador con Parque Jurásico y te sale este disparate gamberro, bien pensado, bien perpetrado y muy divertido del que ya preparan segunda parte. 

Un muy potable entretenimiento veraniego. 

¡Parraque jurásico!



Ciencia ficción psicotrópica: A cabeza descalza, de Brian W. Aldiss

  E l ego de Colín Charteris, serbio con nombre inglés robado del creador de Simon Templar, alias El Santo, sirve como pista para introducir...