domingo, 8 de marzo de 2026

Conan: ¿Domesticando al bárbaro?


Acabo de leer los números siete y ocho de La espada salvaje de Conan que me ha prestado el colega Telly Chavalas y he dado en pensar un puñado de cosillas sobre lo que está ocurriendo con el bárbaro creado por Robert E. Howard que me atrevo a compartir.

El número siete me ha gustado porque creo que en su historia principal recupera en su largo desarrollo las claves más significativas que hicieron de La espada salvaje una de mis favoritas entre las muchas propuestas de ocio en viñetas de mi juventud, algo que se ha mantenido a través del paso de los años. Y además viene acompañada de una adaptación de las aventuras de otro personaje de Robert E. Howard encuadrado en su afición por el western y con un sentido del humor que es un soplo de aire fresco en el oscuro y meditabundo universo de ficción de espada y brujería habitual en el escritor. 

Pero el número ocho no me ha convencido tanto. Aunque su portada, que recuerda uno de los mejores momentos de la película Conan y, de John Milius, es una de las que más me ha gustado, el contenido inferior es muestra de la irregularidad que caracteriza a esta colección desde que se publicó el número uno. Nunca sabes si le va a tocar el número bueno, el regular o el decepcionante. Lo curioso es que en este número ocho de las han apañado para reunir en sus páginas todas esas posibilidades. 

Integrado por varias historias cortas -siempre he preferido las tramas de arco argumental más largo y complejo-, la primera, El tesoro de la reina sabandija, es entretenida y aceptable desde su espíritu tirando a caricaturesco, pero además de ser un argumento del montón, para salir del paso, absolutamente tópico, incluye una especie de final en falso con un Conan compasivo que forma parte del conjunto de pinceladas de domesticación del personaje bárbaro que se repite en los diálogos y argumentos del resto de las historias incluidas en este número. Y no hace falta recordar a los más veteranos seguidores de La espada salvaje de Conan que dicha publicación se creó en su origen precisamente para dirigirla a un público adulto con tratamiento más oscuro y maduro del personaje, algo con lo que desentona esa domesticación a la que me refiero. 

El segundo relato, Cuando era joven conocí a un rey, convierte a Conan en una especie de protector de la narradora en una farragosa trama que oculta nuevamente la simpleza y el tópico previsible en su argumento y es soporífera en su monólogo. Su Conan niñera está lejos del personaje original y de sus primeras traducciones a viñetas en los números clásicos de La espada salvaje de Conan. 

Lo mejor del número llega en sus dos últimas historias. La tercera historia, Vivir por la espada, breve, sencilla, sin sorpresas, pero con el espíritu de las narraciones de Robert E. Howard intacto, y adaptando uno de sus mejores personajes, Cormac Fitzgeoffrey, mercenario en la tercera cruzada en Tierra Santa. 

Y el broche de oro llega con la cuarta, En la borrasca, un brillante despliegue visual de Liam Sharp que invita a dedicar mucho tiempo al disfrute del detallismo y la fuerza de los dibujos de cada viñeta y en mi opinión está entre lo mejor que hemos visto en este nuevo ciclo de publicación de La espada salvaje de Conan en España. 

Pero incluso en esta maravilla que cierra el número nos encontramos un diálogo de domesticación del personaje, que afirma: "Me llamo Conan de Cimmeria. Pero no mato a sangre fría, tan sólo en justa lid". Vamos, que ni Amadís de Gaula

Un bárbaro descafeinado para consumo de turistas de la espada y brujería con alergia a la barbarie. 

Otra paradoja que masticar en estos paradójicos y farisaicos días, cuando se presume de aplicar lo políticamente correcto mientras la barbarie de la guerra sigue rebuznando igualmente frente a nuestra puerta. 


Libro: Pánico, de James Ellroy

 

Acodados nerviosamente en la barandilla que nos separa del abismo, la novela Pánico de James Ellroy contemplamos el jardin de las delicias, los abusos y la violencia de una ciudad de Los Ángeles subida a la trepidante ola de poder, dinero, sexo y corrupción que se dibuja en los primeros balbuceos de celebración de la era atómica.
Y lo curioso es que La Bomba, o mejor dicho, Las Bombas, no son lo más peligroso y destructivo de ese paisaje. Tampoco las drogas. Ni las perversiones que se deslizan como inquietas serpientes por los pasillos en los que pernoctan los lados más oscuros de las más rutilantes estrellas de Hollywood.
No. Lo más destructivo y letal es un policía corrupto que se recicla en alcahuete, muta en matón abusador y en asesino, componiendo el personaje principal de esta pesadilla que lo necesita como sangriento arquitecto del protagonismo coral que se reparten las víctimas y los verdugos de una pútrida sociedad de políticos, estrellas, cineastas y policías arrimados al sol que más calienta y a códigos puritanos en los que no creen.
Freddy O. Freddy Otash, da aquí un paso de gigante para convertirse en el personaje más enigmático y provocador de la galería de monstruos creados por James Ellroy, maestro de la actual novela negra, variante del relato policial que en las manos de Ellroy adquiere siempre proporciones de relato épico sin salirse de las coordenadas urbanitas de los laberintos criminales que construye. En esos laberintos, que Ellroy nos lleva a recorrer con el nerviosismo y la tensión acumulada de no poder dejar de leer, atrapados en el carácter adictivo de sus fábulas, conviven una mezcla de realidad y ficción, de insinuaciones y leyendas urbanas convertidas en materia prima para la intriga de este chute de adrenalina perversa por el que se pasean Elizabeth Taylor, James Dean, Burt Lancaster, Nicholas Ray, Rock Hudson, el futuro inquilino de la Casa Blanca JFK, Nick Adams, Sal Mineo, Natalie Wood, Marlon Brando, John Wayne, Steve Cochran, en una trama que gira en torno a varios asesinatos en serie, el rodaje de Rebelde sin causa, el ocaso del senador McCarthy y su Caza de Brujas contra comunistas y sus simpatizantes, y donde en realidad, los crímenes que finalmente se resuelven solo son una excusa para que Ellroy vuelva a erigirse como uno de los mejores cronistas del lado oscuro del sueño imperial estadounidense bordado en el sudor y sangre de sus perpetradores y de sus víctimas.
Pánico es una brutal autopsia de la fábula del éxito materializada en las fantasías de celuloide de los años cincuenta.
Merece tener su propia adaptación al cine, solo posible de la mano de un Martin Scorsese que fusionara para ella el tono de Uno de los nuestros con la tensión que nos deja exhaustos después de ver El lobo de Wall Street, un Denis Villeneuve que la tocara con la clave épica de sus películas de Dune o el Christopher Nolan de Oppenheimer.
Y lo.mejoe es que, a pesar de contar con el mismo protagonista y claves muy similares en algunos aspectos esenciales, Pánico tiene su propia personalidad y es distinta de la otra odisea urbanita de Freddy Otash escrita por Ellroy publicada posteriormente, Los seductores, de la que ya hablé hace unos meses en otro post de este blog.
Su tono y ritmo es distinto, como distinta es la década de los cincuenta de la de los primeros sesenta que Ellroy dibuja en Los seductores con Freddy O. investigando la muerte de Marilyn Monroe. Pero las dos novelas forman una extraordinaria pareja de baile en el recorrido histórico por los mitos de Hollywood que marcaron esas dos décadas.

martes, 3 de marzo de 2026

COMIC: ¿DEMASIADO BATMAN?

 

El último fin de semana dediqué un par de horas de mi tiempo de ocio a repasar todas las grapas de Batman que se están publicando ahora mismo en nuestro país, y acabé preguntándome: ¿Demasiado Batman?

Entiendo que el personaje es el que mejor funciona en DC y encuentro lógico que los editores quieran ordeñarle a tope, pero ahí va mi opinión como lector, cabecera por cabecera, de manera rápida. 


La mejor colección es Absolute Batman. Pero el número de este mes volviendo a contarnos el pasado de Bane es un número de relleno que además aplaza la continuación y conclusión del arco coprotagonizado por este personaje, mucho más interesante que este retorno al pasado que ya conocemos ligeramente cambiado pero bastante plúmbeo. 


La segunda colección en la lista de lo mejor es
Batman y Robin. Año Uno, aunque del número seis en adelante tengo la sensación de que se están repitiendo y han perdido el empuje y el norte de los primeros números para acabar andando en círculos como si no acertaran a encontrar el mejor y más estimulante camino para rematar un arco que ya ha dado todo de sí y me temo que poca sorpresa puede depararnos a partir de ahora. 


Batman,
por mucho que me jorobe decirlo, no ha cumplido mis expectativas. Esperaba más de esta propuesta que Batman aparcando a Batman para charlar con Killer Croc en plan amiguetes, siguiendo la pauta de las tramas contemplativas de la existencia que suelen aparecer en comics donde se habla más de lo que se actúa. Me interesa mucho más la sinergia entre esos personajes en Absolute Batman, y me parece un error repetir o coincidir en ese mismo camino, lo mismo que en la fórmula de cambiar por cambiar.

AVISO DE SPOILER:  que haya un improbable nuevo comisario de Gotham mientras Gordon "apatrulla" la ciudad se queda corto frente a toda la vigorizante voladura de universo, mitología y arquetipos que plantea Absolute Batman. Pero es que de momento en el número uno eso es puro guiño sin que se incorpore en ello un buen gancho de trascendencia futura para números posteriores. No digo que no lo haya más tarde, pero desde luego en el número uno suena a pose, como la charlita de Batman con el Killer Croc infantilizado. 

En cuanto a Batman Hush en mi opinión es prescindible, repetitiva, nada nuevo bajo el sol, con dibujo pero sin guion que consiga ganarse mi interés. 

Por tanto, vuelvo a preguntarme: ¿Demasiado Batman?

Escenas matritenses: Torrente, el Kremlin y el aquelarre

 


La decisión de Santiago Segura de no hacer promoción de su quinta película de Torrente con pase para la prensa previamente al estreno levanta ampollas, o no, entre mis compañeros de la crítica cinematográfica, pero ha dejado ya un curioso momento en el que Santiago Segura, con su gorra y su camiseta de promo de Torrente, se ha plantado hace unos minutos, en furgoneta negra y con cámara, en una calle de Madrid. La casualidad, o no, ha hecho de la suyas, y ha coincidido con la salida de un puñado de periodistas y críticos de cine que habíamos asistido a un pase de prensa de la película El mago del Kremlin en el Cine Paz. 

 El mago del Kremlin, protagonizada por Paul Dano y Jude Law, habla de la evolución de las tupidas redes de poder y manipulación política en Rusia desde los tiempos de GorbachovPutin

Mi crítica de El mago del Kremlin la podréis leer en la web de Accioncine hoy mismo, o mañana a más tardar. 

En cuanto a la foto, no es buena porque no pretendía serlo. Solo es un parpadeo en una furiosa tempestad de instantes que dejan más preguntas que respuestas, lo cual hace mucho mas entretenido circular por el aquelarre de casualidades que es es la vida. 

martes, 24 de febrero de 2026

Homúnculo , un sabroso potaje de de zombis, alienígenas, ocultismo y aventuras.


 Se cita a Robert Louis Stevenson en la portada pero a mí este disparate brillante me recuerda más un cruce entre el ritmo trepidante que forjó los primeros seriales cinematográficos con títulos como Los Vampiros o Fantomas, de Louis Feuillade, con un homenaje a las novelas pulp en pleno estallido de fusión de géneros como el terror, las aventuras y un concepto de la ciencia ficción retro futurista que se alimenta de las sombras de las fantasías de la era victoriana. 

Pero he disfrutado también mucho de rasgos que me han recordado el comic setentero de Marvel adaptando las novelas de Doc Savage, conocido en los quioscos españoles como El Hombre de Bronce, sobre todo por ese grupo de socios de aventuras tan dispares que se enfrentan a unos villanos que los superan claramente en protagonismo, un rasgos curioso de esta novela cuyo desarrollo gravita en torno a un encadenado de persecuciones, secuestros, intrigas, conspiraciones, objetos de resonancia mágica, duelos con el ocultismo, resucitación de cadáveres, ejércitos de zombis, falsos mesías de inclinaciones panfletarias y presencias extraterrestres.