Manteniendo con muy buen ritmo sus aciertos e identidad en el tomo ocho frente a otras propuestas de torneo que se pasan por el nutrido universo de los mangas publicados en nuestro país, Tenkaichi llega en este tomo ocho a y una de esas entregas capaces de servir como ejemplo y resumen de las características que definen la verdadera esencia de su propuesta.
Se engaña quien piense que Tenkaichi es un manga de peleas y acción trepidante. Esa es solo la capa más superficial de esta colección que puede propiciar que los árboles no nos dejen ver el bosque.
En realidad, como la manera de tratar y manejar el enfrentamiento de este tomo ocho revela, Tenkaichi es en realidad una propuesta de intriga con giros diabólicos en el guión de sus duelos, giros dentro de giros que empujan al espectador a pasar página rápidamente, ansiosamente, entregándose al juego de los desenlaces aplazados, dilatados y finalmente quebrados y renegando de las expectativas sembradas en el lector.
Eso es algo que comparte con otra de las series esenciales de manga actualmente en publicación, Shumatsu No Valkyrie, con la que tiene muchos puntos en común, pero frente a la que, en mi opinión, Tenkaichi maneja con mejor ritmo el juego de aplazamiento de la resolución de los enfrentamientos y la extensión de los mismos, es menos irregular de un número a otro y saca mejor partido de la identidad histórica de sus personajes frente a la identidad mitológica de los de Shumatsu jugando la baza de una realidad alternativa que le permite esgrimir una mirada crítica y satírica, desmitificadora y caricaturescas a las grandes figuras, con Oda Nobunaga y Tokugawa como referentes esenciales de ese juego de parodia histórica.
Desde mi experiencia como lector, observo que me hacen distinto efecto en lo referido a mi adicción a ambas. En Shumatsu No Valkyrie quedo atrapado en la ansiedad de continuar la lectura de un número a otro. En Tenkaichi quedó atrapado en la ansiedad por pasar de una página a otra dentro del mismo número para ver qué ocurre a continuación.
