domingo, 23 de noviembre de 2025

Los Vengadores. Las guerras asgardianas


La etapa de Norman Osborn en el poder y la caída de Asgard es una de las últimas grandes etapas de plenitud que ha vivió el universo Marvel en los comics, hija de un momento en el que el cine y sus adaptaciones de los personajes de la editorial todavía no habían empezado a afectar seriamente al recorrido de esos mismos personajes en las viñetas. 
Esta especie de epílogo de esa etapa escrito por Brian Michael Bendis y dibujado por Alan Davis es un correcto cierre y al mismo tiempo un nuevo punto de arranque para ese momento en el que se produjo un punto de giro definitivo. Reúne los números 1 a 5 de la colección Avengers Prime, publicados entre agosto de 2010 y marzo de 2011. 
Un toque de espada, brujería y fantasía en el universo de los superhéroes de Marvel con unos cuantos momentos épicos de despliegue a doble página del maestro Davis.



Libro: Cults. Una antología del disparate de las sectas


A mitad de camino entre la pesadilla y el disparate, Nigel Cawthorne construye un breve antología sobre algunos grupos sectarios mezclando quizá demasiado liberalmente y no sin cierta tendencia al oportunismo las churras con las merinas. Pero más allá de la selección, curiosamente más discutible en su tercer acto o parte final, este libro tiene una utilidad incuestionable como aviso para navegantes despistados que todavía no se hayan enterado de qué va esto de las sectas, por extraño que eso nos pueda parecer a estas alturas del baile de nuestra existencia. 

Cults gana puntos alertando sobre lo fácil que es engañar incautos para que acaben sumándose a los despropósitos de cualquier oportunista con un poco de labia y alguna farsa que vender a los más crédulos y desesperados. 

Los ingredientes son siempre los mismos.

1: Aviso de que viene el fin del mundo. Un clásico para engañar bobos desde el año mil, y ya ha llovido, pero que sorprendentemente sigue funcionando como si los carroñeros oportunistas que se postulan como líderes sectarios lo acabaran de descubrir. 

Luego, claro está, nunca se produce el fin del mundo, o su alternativa, la segunda venida de Cristo, en la fecha que estos fantoches señalan, pero eso no impide que sigan explotando a sus seguidores a pico y pala como si realmente no hubiera un mañana. 

2: Denuncia de cualquier otra institución, credo u organización que pueda hacerles la competencia y automática elevación de sí mismos en la jerarquía del garito al nivel más alto de la misma, con el nombre de mesías -con minúsculas, ojo, siempre con minúsculas-, maestro, líder, papa, buda, guía o cualquier otro cargo absurdo que se les ocurra. 

3: Aislamiento y separación de su rebaño de todo contacto con la realidad y con la razón, cortando todo lazo de los mismos con familia y amigos. 

4: (esto no falla, oigan, cae seguro) exigencias de trabajos no remunerados a los creyentes, y reclamación de favores y sumisión sexual de los mismos, sin límites, pederastia incluida. 

5: Venta del masoquismo, el suicidio y la cópula de las elegidas y elegidos con el líder -que no obstante aconseja en muchos casos a su rebaño que se mantenga en el celibato más estricto- como camino a la verdad, la salvación o cualquier otro placebo para tratar el miedo a la existencia de las víctimas de la secta.

La repetición de estas claves es constante y a pesar de que constituyen la peor propuesta de venta de cualquier producto, mucha gente sigue picando. 

Total, que entre mucha información interesante y mucha anécdota, y a pesar de que mete algunas organizaciones que no pintan mucho en ese esquema y olvida convenientemente algunas otras -por ejemplo las del sectarismo financiero de ayer y de hoy-, el libro es una interesante lectura para iniciarse en el tema que aborda, y vuelve a demostrar que a nuestro alrededor hay mucho lobo que nos mira como ganado al que devorar.

Ante eso solo nos queda seguir siendo perros furiosamente individualistas, absolutamente desconfiados, cínicos y escépticos, y orgullosamente convencidos de que cualquiera que se nos acerque creyéndose o vendiéndose como mejor o más listo que nosotros, conocedor de secretos de la existencia que supuestamente nosotros desconocemos, sin estimularnos a decidir y pensar por nuestra  propia cuenta, nos la quiere meter doblada. 

Leer más, confiar en nosotros mismos y mirar con saludable escepticismo lo que nos quieran vender, exigir que nos dejen pensar y decidir por nuestra cuenta sin manipularnos, desarrollar nuestro propio criterio y personalidad y negarnos a seguir discursos o cruzadas ajenas siempre es el mejor camino.

A fin de cuentas, todos somos iguales en lo esencial: nacemos y morimos. 

El que pretenda estar fuera de esa rueda y haber encontrado un camino para llevarnos por otro sitio no es un bendecido, un iluminado o un elegido, es un vendehumos. 

viernes, 21 de noviembre de 2025

Fotos: Dos palomas, dos árboles y una maceta

 






Los Cuatro Fantásticos: Círculo cerrado

 

Alex Ross, el maestro del cómic pintado, nos devuelve  la posibilidad de recuperar las sensaciones de primeras lecturas de cómics de superhéroes de Marvel desde la primera viñeta, que produce de inmediato la sensación de estar viendo una espectacular película protagonizada por personajes dibujados que se antojan tan reales como si fueran actores de carne y hueso.
Y eso no lo han conseguido ninguna de las cinco películas -incluido el esperpento producido por Roger Corman- rodadas sobre esos mismos personajes, aunque la última, la mejor de todas, sea la que más se ha acercado a ese ideal, sin llegar a conseguirlo del todo.
Bastan como ejemplo de por qué me parece imposible que el cine pueda llegar a emular todo el poder de la viñeta desatada y espectacular en el lenguaje del cómic, por mucho dinero que invierta en efectos especiales, las páginas de apertura de la trama con la infestación de bichos rodeada por las llamas de la Antorcha Humana. Trasladar eso al cine es imposible y demuestra que entre las viñetas y los planos de una película, unidades básicas ambas de la estructura narrativa de dos medios muy distintos, hay un abismo insalvable.
Lo que en cómic funciona plenamente no rinde igual de bien en el cine, sobre todo porque nuestra participación como lectores ante la viñeta no puede ser nunca la misma que tenemos como espectadores ante el plano de las imágenes en movimiento.
El cine es tiempo y movimiento, mientras que el cómic crea sus fábulas desde la dinámica trepidante de la de tiempo y movimiento congelado en los instantes que habitan cads viñeta y cada página.
De manera que aunque el emisor consiga siquiera emular la propuesta visual de espectáculo en el cómic con imágenes en movimiento en el cine invirtiendo un dineral en efectos especiales, modo James Cameron en Avatar, el receptor no trabaja igual ante los dos medios.


Buen ejemplo de todo esto es el brillante uso encadenado de las dobles páginas con el que Ross nos muestra el viaje por la Zona Negativa, pasando por la Encrucijada del Infinito, el complejo interior del temible Annihilus, y el camino que les lleva al encuentro con la Negavida, que podría ser traducido al cine en una secuencia de montaje o un ejercicio de fundido encadenado jugando frenéticamente con el eje, sin llegar a conseguir el mismo efecto por el cambio en el funcionamiento del receptor.
Es curioso que precisamente en esa página la Antorcha Humana defina lo que estamos viendo como una pesadilla de Ridley Scott.
Nada más lejos de la realidad.
La pesadilla del viaje a la Zona Negativa que evoluciona entre los paisajes de terror y ciencia ficción en esta obra singular, propicia, como todas las obras de cómic pintado de Alex Ross, la reflexión sobre lo que mucho que acerca y lo mucho que distancia al cómic del cine y al cine del cómic.
Los cineastas que trabajan en el traslado de un medio a otro a través de las adaptaciones que han llenado la cartelera de fábulas cinematográficas de superhéroes en las dos últimas décadas harían bien en repasar este trabajo de Ross y sacar sus propias conclusiones sobre el asunto.
Detalle a tener en cuenta: tal como afirma el texto biográfico del guionista y dibujante, antes de trabajar para la industria del cómic, Ross perfeccionó su técnica como dibujante de storyboards y es además un maestro de las portadas.


Libro: El templo del alba, de Julio Mishima

  Un viaje que son tres viajes. Los tres viajes, o el viaje en tres fases del señor Honda que Mishima elabora como una forma de entender el ...