Se va acercando el arco de apertura de esta colección a un desenlace con este número que nuevamente me recuerda por qué no hay un solo Batman o un solo Bruce Wayne, sino tantos Batman y Wayne (y Robin) diferentes como autores que aborden la mitología del célebre personaje. Por mucho que los creadores se inspiren en historias y personajes ya creados, si tienen el talento requerido siempre encuentran la manera de que la repetición de lo ya narrado evolucione y se convierta en una variante que quizá no sorprenda pero sí resulta eficazmente entretenida.
Al contrario que en entregas anteriores de esta misma colección, este número rebaja el tono de comedia para zambullirse más en la acción al mismo tiempo que revela plenamente su naturaleza más inquietante como metáfora de la corrupción a través de la estrategia Clayface.
Leyendo este comic me han entrado ganas de hacer un inventario de los hombres-monstruo que andan sueltos por la clase política de nuestros días, tan empeñados en demostrarnos que su manual de ética y buenas costumbres sigue siendo la película El Padrino de Francis Coppola.

No hay comentarios:
Publicar un comentario