Se cita a Robert Louis Stevenson en la portada pero a mí este disparate brillante me recuerda más un cruce entre el ritmo trepidante que forjó los primeros seriales cinematográficos con títulos como Los Vampiros o Fantomas, de Louis Feuillade, con un homenaje a las novelas pulp en pleno estallido de fusión de géneros como el terror, las aventuras y un concepto de la ciencia ficción retro futurista que se alimenta de las sombras de las fantasías de la era victoriana.
Pero he disfrutado también mucho de rasgos que me han recordado el comic setentero de Marvel adaptando las novelas de Doc Savage, conocido en los quioscos españoles como El Hombre de Bronce, sobre todo por ese grupo de socios de aventuras tan dispares que se enfrentan a unos villanos que los superan claramente en protagonismo, un rasgos curioso de esta novela cuyo desarrollo gravita en torno a un encadenado de persecuciones, secuestros, intrigas, conspiraciones, objetos de resonancia mágica, duelos con el ocultismo, resucitación de cadáveres, ejércitos de zombis, falsos mesías de inclinaciones panfletarias y presencias extraterrestres.

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