Tres relatos en torno a un personaje en el que la ciencia ficción del maestro Sanislaw Lem nos ofrece su interesante vuelta de tuerca al género que se revela como una estimulante y diferenciada propuesta a la narrativa anglosajona de similares asuntos, por ejemplo los relatos de Isaac Asimov sobre robots o sobre su popular aventurero Lucky Star.
En La prueba, el cadete Pirx afronta con resignación su primera misión de vuelo hacia el espacio a pesar de que no es capaz de recordar todo lo que supuestamente debería haber aprendido para tripular una nave. Y es entonces cuando la fábula se convierte en metáfora casi filosófica de la existencia y de la obsesión de nuestra especie por controlarlo todo y rodearse de normas y rituales en su intento de domino de lo tecnológico. Lo hace con la ayuda de dos moscas, que sirven como agentes del caos pero en realidad son el imprescindible detonante para poder llegar a la lección del sorpresivo desenlace de esta parodia de la ópera espacial más clásica y aventurera.
En El accidente, Lem reflexiona sobre la naturaleza del robot como recurso narrativo que sirve en este caso como espejo de la propia naturaleza humana. Las diferencias de los robots de Lem frente a los robots de Asimov son un potente estímulo para todo aficionado al género de ciencia ficción para sumergirse y disfrutar este viaje por las estrellas del piloto Pirx.
En este relato además encontramos una aventura de escalada en la que Lem muestra su habilidad para crear intriga, recurso presente en los tres relatos.
El libro se completa con el relato Términus, donde esa intriga de los relatos anteriores alcanza un nuevo nivel entrando en el territorio de lo siniestro y acercándose a las tramas de fantasmas y aparecidos en el seno de una vetusta nave que hace las veces de casa encantada en un futuro que en manos de Lem es siempre una propuesta de ciencia ficción desde lo posible, incluso desde lo cotidiano y lo costumbrista, como muestra la descripción de un puerto espacial ante la preparación para el despegue de una nave que viaja camino a Marte en la página 134, que culmina significativamente con la frase: "... en una palabra, un día normal y corriente"










