Tal como explica la introducción de esta antología, en los años sesenta y setenta se recrudeció el miedo al holocausto nuclear como consecuencia de una Tercera Guerra Mundial entre los grandes bloques que ya se enfrentaban en la Guerra Fría. Como consecuencia de ello la narrativa de ciencia ficción, tanto en novelas como en relatos cortos, se hizo eco dibujando futuros post catastróficos en los que el ser humano intentaba sobreponerse al desastre atómico y sobrevivir entre las ruinas de la civilización resultante del mismo.
En esta antología elocuentemente titulada Después de la bomba encontramos una selección de fábulas en torno a ese presupuesto argumental que sirven al mismo tiempo como aviso y reflexión sobre problemas y como escuela o modelos de narraciones cortas que sacan el máximo partido al asunto central como punto de partida para acordar otros temas.
El mejor recuerdo, de Richard Wilson está protagonizado por un padre y un hijo que escapan de la catástrofe en una nave significativamente bautizada con el nombre de Magallanes, convirtiéndose en náufragos espaciales mientras la civilización humana perece en la Tierra. Pero ese es solo el telon de fondo para mostrarnos a un padre que renuncia a sus recuerdos de cómo eran las cosas antes del final de la humanidad para proporcionarle a su hijo de catorce años una colección de falsas informaciones que le permitan recordar solo lo positivo y no lo negativo de la humanidad. Entra así Wilson en el tratamiento de un tema muy actual, la desinformación, al mismo tiempo que reflexiona sobre la mentira y la culpa, tomando como referencia en este cuento la novela La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.
En el segundo relato, Primera necesidad, el uruguayo Carlos María Federici tira del humor y la intriga -¿Qué es el A.P.N.?-, para construir una broma muy bien narrada en la cual además sitúa como protagonistas a los que suelen ser villanos tradicionales en novelas, cuentos y películas de cine ks ficción, las gordas de supervivientes bárbaros, recordando a los villanos de películas como Mad Max y sus secuelas, El planeta de los buitres, Nueva York año 2012 o 1997: Rescate en Nueva York.
A. Pekker Savage se ocupa del tercer relato, Supervivientes, de marcada inspiración en El libro de la selva, de Rudyard Kipling, y La llamada de la selva o Colmillo blanco, de Jack London. Una conversación entre el cazador y el pensador conduce hacia el revelador desenlace incluyendo un aviso para nuestra actualidad en lo que afirma el personaje de Oluf: "Era más reconfortante soñar con el pasado que enfrentarse a los problemas del presente".
Arthur Zirul en Las cosas hermosas, le da otra vuelta de tuerca al argumento de El planeta de los simios de Pierre Boulle cambiando simios por osos para reflexionar sobre el papel del arte, más esencial de lo que pensamos, con un giro final que en realidad nos habla de nuestra propia incapacidad para renunciar la violencia.
André Carneiro, figura de la ciencia ficción brasileña explora con el protagonista de La escopeta un desolador paisaje ético por el que camina su protagonista quien "como un animal perdido, huía de la muerte y buscaba a los de su propia especie".
Sergio Schaaff encuentra el sentido metaforico de la reconstrucción de lo destruido desde unos nuevos valores en su relato Un puñado de almendras.
Damon Knight, en Así termina el mundo visitan y reescribe en clave de sátira inquietante la fábula de Adán y Eva.
Finalmente, Philip K. Dick en Visita a un planeta extraño nos recuerda que la Tierra no es propiedad nuestra y tampoco nos necesita, planteando personajes que anticipan Avatar, de James Cameron.

No hay comentarios:
Publicar un comentario