jueves, 19 de marzo de 2026
miércoles, 18 de marzo de 2026
domingo, 15 de marzo de 2026
jueves, 12 de marzo de 2026
¿Un Reich insectoide conquista la galaxia? La piedad de los dioses, de James S.A. Corey
Novela de protagonismo coral saltarín, escrita sobre lo que parece la hoja de ruta de una serie televisiva, construyendo una especie de carrera de relevos en la que a través de su coro de personajes principales dibuja un variado paisaje de miradas.
Esa fórmula permite a los lectores contemplar desde los ojos de un grupo de científicos el ataque de una especie alienígena sobre una humanidad desplazada a una geografía galáctica imaginaria.
Es un apocalipsis de space opera en la cual lo épico queda limitado por lo conversacional, que se mezcla con la historia de nuevo comienzo de los supervivientes esclavizados por la civilización insectoide de los carryg, Obligados a integrarse en una especie de zoológico de especies de los planetas conquistados por este enemigo en guerra contra todo el universo, los miembros del grupo de científicos humanos que se van pasando un relevo de protagonismo más televisivo que literario, se ven obligados a sobrevivir en una pesadilla de ciencia ficción que en algunos momentos y conflictos de su argumento parece inspirada en la Segunda Guerra Mundial y la fase de arrollador avance de la imparable maquinaria bélica del III Reich, trabajadores esclavos incluidos, del mismo modo que Frank Herbert se inspiró en Lawrence de Arabia en la Primera Guerra Mundial para su novela Dune o Isaac Asimov tomó como referencia la República de Roma para su trilogía de La Fundación.
Junto a esos antecedentes cruzados, el rico y variado despliegue de la fauna alienígena de este libro también me ha recordado otro clásico de la ciencia ficción en su fase pulp, Odisea en Marte, de Stanley G. Weinbaum.
Interesa: el abordaje del conflicto del derrotado, la culpa del superviviente y el síndrome del Judas sumiso.
Problema: irregular en el relevo de protagonismo, algo repetitiva en algunos personajes y conflictos, e innecesariamente larga.
Merece la pena: por el despliegue del imperio alienígena, que es más interesante que algunos de los estereotipados personajes humanos.
Afirman que Amazon ya está pensando en su adaptación como serie, siguiendo la estela de The Expanse, otra saga de los mismos autores, Ty Franck y Daniel Abraham.
martes, 10 de marzo de 2026
domingo, 8 de marzo de 2026
Conan: ¿Domesticando al bárbaro?
Acabo de leer los números siete y ocho de La espada salvaje de Conan que me ha prestado el colega Telly Chavalas y he dado en pensar un puñado de cosillas sobre lo que está ocurriendo con el bárbaro creado por Robert E. Howard que me atrevo a compartir.
El número siete me ha gustado porque creo que en su historia principal recupera en su largo desarrollo las claves más significativas que hicieron de La espada salvaje una de mis favoritas entre las muchas propuestas de ocio en viñetas de mi juventud, algo que se ha mantenido a través del paso de los años. Y además viene acompañada de una adaptación de las aventuras de otro personaje de Robert E. Howard encuadrado en su afición por el western y con un sentido del humor que es un soplo de aire fresco en el oscuro y meditabundo universo de ficción de espada y brujería habitual en el escritor.
Pero el número ocho no me ha convencido tanto. Aunque su portada, que recuerda uno de los mejores momentos de la película Conan y, de John Milius, es una de las que más me ha gustado, el contenido inferior es muestra de la irregularidad que caracteriza a esta colección desde que se publicó el número uno. Nunca sabes si le va a tocar el número bueno, el regular o el decepcionante. Lo curioso es que en este número ocho de las han apañado para reunir en sus páginas todas esas posibilidades.
Integrado por varias historias cortas -siempre he preferido las tramas de arco argumental más largo y complejo-, la primera, El tesoro de la reina sabandija, es entretenida y aceptable desde su espíritu tirando a caricaturesco, pero además de ser un argumento del montón, para salir del paso, absolutamente tópico, incluye una especie de final en falso con un Conan compasivo que forma parte del conjunto de pinceladas de domesticación del personaje bárbaro que se repite en los diálogos y argumentos del resto de las historias incluidas en este número. Y no hace falta recordar a los más veteranos seguidores de La espada salvaje de Conan que dicha publicación se creó en su origen precisamente para dirigirla a un público adulto con tratamiento más oscuro y maduro del personaje, algo con lo que desentona esa domesticación a la que me refiero.
El segundo relato, Cuando era joven conocí a un rey, convierte a Conan en una especie de protector de la narradora en una farragosa trama que oculta nuevamente la simpleza y el tópico previsible en su argumento y es soporífera en su monólogo. Su Conan niñera está lejos del personaje original y de sus primeras traducciones a viñetas en los números clásicos de La espada salvaje de Conan.
Lo mejor del número llega en sus dos últimas historias. La tercera historia, Vivir por la espada, breve, sencilla, sin sorpresas, pero con el espíritu de las narraciones de Robert E. Howard intacto, y adaptando uno de sus mejores personajes, Cormac Fitzgeoffrey, mercenario en la tercera cruzada en Tierra Santa.
Y el broche de oro llega con la cuarta, En la borrasca, un brillante despliegue visual de Liam Sharp que invita a dedicar mucho tiempo al disfrute del detallismo y la fuerza de los dibujos de cada viñeta y en mi opinión está entre lo mejor que hemos visto en este nuevo ciclo de publicación de La espada salvaje de Conan en España.
Pero incluso en esta maravilla que cierra el número nos encontramos un diálogo de domesticación del personaje, que afirma: "Me llamo Conan de Cimmeria. Pero no mato a sangre fría, tan sólo en justa lid". Vamos, que ni Amadís de Gaula.
Un bárbaro descafeinado para consumo de turistas de la espada y brujería con alergia a la barbarie.
Otra paradoja que masticar en estos paradójicos y farisaicos días, cuando se presume de aplicar lo políticamente correcto mientras la barbarie de la guerra sigue rebuznando igualmente frente a nuestra puerta.
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