Aún más trepidante que el número uno, este segundo tomo de Kagurabachi se gana a pulso el interés del lector en primer lugar haciendo uso en su narración de un juego con las distintas subtramas y el tiempo que trasladado al cine sería un buen ejemplo de una narración de acción dominada totalmente por el montaje.
Eso es lo que le imprime a la narración un ritmo diabólico, imparable, al mismo tiempo que abre la puerta a un despliegue de información sobre el pasado de Char, tejido con tintes de tragedia épica que se fusiona con el presente de los dos enfrentamientos del antagonista Sojo y su espada encantada con Chihiro, ampliando además datos sobre las organizaciones enfrentadas, el Kamunabi y los Hishaku.
El resultado es que la trama gana interés mientras la acción aumenta su despliegue salvaje funcionando como una fusión de Kill Bill fundida con Matrix bajo el baño de una magia ultravioleta que hace honor a las fábulas de samuráis.












