Asistiendo esta tarde a la proyección en un cineclub de la película El mal no existe, se me revelan las dos miradas que su director, Ryusuke Hamaguchi, despliega en este largometraje en un ejercicio de vuelta al pasado del cine en sus primeros pasos, cuando las primeras películas eran tomas de vista que intentaban captar la vida y la naturaleza tal como es, a la vez que reflexiona en una clave de eco-intriga sobre el caos que acecha en nuestros burgueses sueños de control y previsibilidad.
La primera mirada en el arranque de la película, que recuerda la obertura de La zona de interés en su forma de servir un prólogo prolongado que atrapa al espectador preparándonos emocionalmente para sumergirnos en la película desde como una experiencia eminentemente contemplativa, encontramos las largas tomas de la naturaleza desde un punto de vista no humano.
Pero a esa mirada casi sobrehumana sobre la belleza de la naturaleza, rota por los sonidos humanos que perturban la paz del bosque en una película que tiene en el sonido y la musica dos de sus herramientas más destacadas, le añade Hamaguchi la mirada humana que se impone en la parte de la trama dominada por las maniobras empresariales para instalar un "glamping", en la parte más crítica contra el capitalismo de la trama.
Ambas miradas revelan el talento del director para lograr una experiencia totalmente inmersiva para el espectador, en la que los asistentes a la proyección han quedado literalmente absorbidos, más que integrados, en la película, como muestra la foto, atrapados en su intriga camino de la perplejidad ante uno de los finales más inquietantes y perturbadores del cine de nuestro siglo.
Un final cuyo sentido nos propone el ultimo reto de nuestra experiencia con esta sobresaliente película y que quizá, como apunta el director, sea mas interesante como pregunta que como respuesta.


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