Teniendo en cuenta lo difícil que es encontrar hoy en día una buena película de género que realmente entre lo que se estrena en la cartelera, he optado por volver a los clásicos, y eso es lo que he hecho esta tarde: volver a ver un clásico infalible.
El cuervo (1942), de Frank Tuttle, con Alan Ladd como Raven, asesino a sueldo perseguido y camino de un ajuste de cuentas letal.
Una inspiración para otro clásico, el asesino a sueldo interpretado por Alain Delon en El silencio de un hombre, obra maestra del género dirigida por Jean-Pierre Melville.
Delon hablaba con su pájaro enjaulado, quizá mirándose en el mismo como en un espejo, mientras Raven se contempla en los gatos callejeros perdidos.

Los dos personajes son una supurante cicatriz existencialista en un sistema que ha fracasado en dejar que sean gente corriente, miran desde su excepcionalidad solitaria la pesadilla cotidiana que quienes los rodean son aparentemente incapaces de percibir.
Su violencia es solo una manera de tragarse las lágrimas apretando el gatillo en lugar de gritar.

Y además de todo eso también está la inolvidable Verónica Lake.
Y una forma de utilizar el rodaje en exteriores que se cuenta entre lo mejor del cine negro clásico.

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