Un viaje que son tres viajes. Los tres viajes, o el viaje en tres fases del señor Honda que Mishima elabora como una forma de entender el viaje de la vida. El viaje por Tailandia y la India en la primera parte es un camino sinuoso. A la sombra de la cultura ajena, en torno a los templos, acompañado por los rituales en los que se mezcla la belleza y lo grotesco con la reflexión filosófica. La segunda parte es un viaje por lo abyecto en el que la búsqueda de la belleza y la desesperada caza de los sentimientos se citan para dibujar un retablo de decadencia burguesa en un Japón de posguerra que desde las faldas del monte Fuji adquiere forma de bucle en torno a una obsesión.
La tercera parte del viaje es una especie de transmigración vicaria y continua del lector en torno a los dos viajes anteriores que nos enseña otra forma de mirar y leer la vida.
Leer a Mishima es otra forma de viajar sin moverse del lugar en el que estamos, moviendo la mente sin mover los pies.

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